¡Atrae la prosperidad en tu Vida!

En la ciencia espiritual usamos en concepto «integración» para referirnos a un estado de coherencia y sintonía entre varios elementos, por ejemplo, nuestra vida con el universo. También para entender como ciertos elementos de nuestra vida (empezando por nuestros actos y pensamientos) se integran de una forma concreta en relación a un aspecto, que puede ser armonioso y beneficioso o no. Es la conciencia (cuanto más elevada mejor) la que nos permite entender, discernir o intuir esto, ya que para la mayoría de personas este aspecto pasa completamente desapercibido a pesar de las señales interiores como intuiciones, corazonadas… y las exteriores que las llamamos “sincornicidades” (por ejemplo, que te llame alguien cuando piensas en él, o ver un símbolo o persona muy significativa delante de una situación concreta).

Esta perspectiva completa la visión limitada (aunque auténtica) de ciertas revelaciones parciales como “El secreto” en relación a la abundancia o la prosperidad, ya que un pensamiento o un acto por sí solo, sin la debida integración, por mucho que se repita no trae el resultado esperado. También hay que tomar en consideración lo que en Tantra llamamos «Shakti» o la energía manifestadora de cualquier resultado espiritual (como la abundancia o la prosperidad) y su naturaleza espontánea y misteriosa para entender como «recoger los frutos» de nuestros esfuerzos. Como bien se expone en la biblia: los caminos de Dios son inescrutables, son misteriosos, y no deberíamos preocuparnos tanto de cómo nos llega un resultado sino en la integración donde se enmarca este resultado. Recordemos la cita oriental: “¡ten cuidado con lo que deseas (o pides) vaya a ser que se cumpla!”

El secreto de la prosperidad es tener una «buena integración» y además entenderla (ser consciente de ella) y actuar de acuerdo a esta integración. Es decir, varios de los elementos de nuestras vidas deben integrarse o en otras palabras, estar en sintonía armoniosa con esta energía de la prosperidad, que a la vez está integrada o sintonizada en un plan superior (al cotidiano) de conciencia.

Así es como actúa la Ley de la Atracción, que en realidad es una parte de las Leyes de: La Petición y de la Resonancia Oculta, por lo cual atraemos aquello que pedimos (llenos de fe y humildad) y está debidamente integrado y aquello que manifestamos en nuestro universo interior.

Vamos a ver un caso concreto. Aparece un deseo en nuestra mente (comúnmente fluctuante y cambiante) y hacemos todo lo posible, casi de forma obsesiva, para obtener ese objeto de deseo (objeto físico, un estatus social, una persona…). Por mucho que hagamos parece que nada se “sincroniza” para conseguirlo y que es remar contra-corriente casi siempre. Finalmente, con tanto insistir conseguimos ese objeto de deseo que nos deja al poco tiempo con un gran vacío interior, o tal vez esa persona o estatus nos decepciona o nos consume nuestra energía una vez “conseguido”. Podemos observar aquí como ese deseo no estaba integrado en la armonía de esa persona, su destino, su misión y tampoco con la armonía universal. Seguramente si hubiera escuchado las señales a su disposición (intuiciones, corazonadas, sincronizadores en su vida…) hubiera comprendido que ese deseo (fruto de la fluctuación de su mente) no cumplía sus verdaderas necesidades, aspiraciones y deseos superiores y podría haber dirigido la poderosa energía benéfica del deseo (que es neutral con respecto al objeto al que se dirige, y es la mente racional la que se apega al objeto de deseo) hacia una meta u objeto de deseo integrado consiguiéndolo con facilidad con gran alegría y agradecimiento. Pero como suele a pasar en el aprendizaje en esta vida y mundo, es después de la decepción cuando miramos hacia atrás de forma algo más lúcida y intuimos o vemos cuan nefasto o inútil fueros nuestros esfuerzos y el deseo tan fuerte se convierte en decepción y a veces rencor injustificado.

Si somos lo suficientemente inteligentes y honestos (eso implica rechazar el rencor, la decepción, la testarudez, la nostalgia o cualquier otra tontería), dirigiremos de nuevo la mirada hacia delante, con el aprendizaje hecho, reconociendo los errores y actuando de forma más consciente e integrada.

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